Alimentación consciente

en SALUD | Publicado 09-05-2016 | Andrea Fernández
alimentación consciente
Hoy en día vivimos en un ambiente poco beneficioso para nuestra salud. El estrés por el trabajo, la mala alimentación que adquirimos por la falta de tiempo, el comer deprisa para llegar a tiempo.... Todo ello hace que nuestro organismo se resienta y nos llame la atención somatizando ese aviso en nuestro cuerpo.

Dolores de cabeza, desarreglos hormonales e incluso esguinces musculares, tratan de que nos demos cuenta de que debemos detenernos, reflexionar y estudiar por qué me sucede.

Es importante llevar una buena alimentación, rica en cereales, frutas, verduras, semillas de vida, algas, germinados, etc.; pero... Hay una pregunta que considero que todos tendríamos que hacernos en algún momento: ¿Tomo conciencia de la importancia del acto que voy a realizar?



Igual e incluso más importante es hacer presencia durante las comidas que consumir alimentos de calidad. Antes de empezar a comer es primordial relajar nuestro cuerpo y respirar profundamente varias veces para así oxigenar nuestras células. Esto contribuye a que haya una mejor absorción de los nutrientes en nuestro organismo y nos sintamos en armonía. Es importante tomar conciencia del acto que voy a realizar a la hora de comer y recibir con gratitud los alimentos que van a nutrir mi cuerpo.

Una buena práctica es comer en silencio; masticando y ensalivando bien, ya que es sumamente importante que el primer proceso de nuestra digestión se haga en la boca. Bien sabemos que el estómago no dispone de dientes para deshacer la comida, por ello hay que estar en calma en el momento de la masticación y hacer presencia, triturando los alimentos lo máximo posible. Hay que realizar un buen trabajo en la boca para poder disfrutar de buenas digestiones. Además, poco a poco, descubriremos sabores desconocidos en alimentos que llevamos años consumiendo.

Apreciar el dulzor de una zanahoria, la textura de una remolacha, la jugosidad de un tomate... son sensaciones que comenzarás a experimentar si empiezas a tomar conciencia en el momento de comer.

Te has preguntado alguna vez: ¿Por qué como? Es decir, ¿Qué me mueve a elegir un alimento con respecto a otro?

te por la mañanaEl ajetreo del día a día quizás no te ha permitido realizarte estas preguntas, pero creo que son esenciales para adentrarnos en el camino de la alimentación consciente.

Normalmente, nuestras costumbres, llevar una vida rutinaria, tener poco tiempo e incluso el sistema de alimentación vigente, hace que no nos planteemos estas preguntas y caigamos en la monotonía.

Siempre nos han dicho que debemos tomar leche para tener unos huesos fuertes, comer carne para tener un alto aporte proteico, deleitarnos con unas dulces galletas de chocolate para disponer de los hidratos de carbono que nos ayudan a afrontar el día a día, e incluso tomar yogures después de cada comida para favorecer nuestra flora intestinal. Todo ello son intereses del sistema de alimentación actual que no nos favorecen en absoluto.

Por costumbre y comodidad nos alimentamos de comidas preparadas, llenas de aditivos y conservantes que nos van minando la salud. Los quesos, los embutidos, y los azúcares contenidos en infinidad de productos prefabricados van estableciendo un ambiente ácido en nuestro organismo, favoreciendo la reproducción de las células cancerígenas.

Al hacer la lista de la compra deberíamos reflexionar como va a actuar cada alimento en nuestro cuerpo. Esto no significa examinar cada uno de los alimentos, pero sí preguntarnos ¿Qué beneficios va a aportar en mi organismo?



Si indago un poco descubriré los efectos que crea en mi aquello que como. La carne crea toxinas que envenenan la sangre, me hacen sentir pesada y ralentiza mis digestiones; el queso se acumula en forma de grasa obstruyendo poco a poco las arterias y el azúcar y los productos refinados acidifican rápidamente la sangre y alteran mi sistema inmunológico.

Cuando tomo conciencia de lo que es bueno para mi salud, evito todos estos alimentos y fijo mi atención en alimentos con vida. Frutas, verduras, hortalizas frescas, cereales integrales, etc. revitalizan mi organismo y lo llenan de energía. Puesto que la vida crea vida.

En este caso se cumple una vez más el dicho de más vale calidad que cantidad. Podemos atiborrarnos de comida que no hace más que engordarnos y hacernos sentir pesados. Comer más no significa estar mejor alimentado. Es importante saber qué necesita mi cuerpo para afrontar el día a día, sin excesos innecesarios y consumiendo alimentos que me mantengan en armonía; esto contribuirá a que podamos disfrutar de buenas digestiones, mayor vitalidad y serenidad en nuestras vidas.



Llevar a la práctica la alimentación consciente hará que desarrolles tu voluntad, seas más reflexivo y actúes con conciencia y no por instinto. Interponiendo tus intereses a los que nos marca la industria médica y las farmacéuticas los cuales nos intentan inculcar a través de la radio, televisión, etc. que podemos sanar sin esfuerzo. Crear buenos hábitos hará que no tengamos que recurrir a la medicina convencional. Hipócrates, el padre de la medicina moderna nos dejó un práctico legado: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Como ves, no sólo es importante saber ¿qué como? Sino que también es sumamente imprescindible que me fije en ¿cómo me alimento?

Seguramente conozcas la frase “mens sana in corpore sano”, aún así, debes saber que la frase entera es “orandum est tu sit mens sana in corpore sano”, que se traduce como: “Debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano”.

No basta con comer y comer bien. Hay que comer con tranquilidad, con sosiego, usar la oración como un medio para agradecer de corazón la oportunidad que tenemos de alimentar de forma saludable nuestro cuerpo. Es necesaria la meditación, la oración, la relajación y sumamente importante tener buenos pensamientos, para tomar conciencia de mi mismo y ser un espíritu con emociones equilibradas; todo ello beneficiará ampliamente a que disfrutemos de un corpore sano.


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